Patrimonio Histórico de Sangolquí entre luces y sombras

Contexto histórico necesario


Valle de los Chillos con el volcán Ilaló al fondo. Foto: Juan Carlos Veloz.

La ciudad de San Juan Bautista de Sangolquí es la cabecera cantonal del cantón Rumiñahui, creado el 31 de mayo de 1938 y que este año ha cumplido 84 años. Sin embargo, la historia de la vasta área geográfica en la que se encuentra, llamada Valle de los Chillos, es una región con más 9 mil años de presencia humana.

Desde la excavación realizada por el arqueólogo estadounidense Robert Bell en 1965 en las faldas del volcán Ilaló y los posteriores estudios realizados por arqueólogos ecuatorianos tales como Ernesto Salazar en 1979, se logró determinar que la posible antigüedad del ser humano en esta zona es de 8.000 años a.C., todo gracias a las puntas de lanza de vidrio de obsidiana que se encontraron y cuyas minas se han encontrado hasta las faldas del volcán Antisana.

Por lo tanto, a lo largo de milenios, toda la región del actual Valle de los Chillos fue poblada por diversos grupos, primero de cazadores - recolectores y, a partir del 1.500 a.C., de agricultores. Una de las principales características del Ecuador es la que se conoce como la microverticalidad, hecho que no ocurre en los países vecinos y que significa que existen diversos pisos ecológicos a muy corta distancia entre ellos, lo que facilitó el desarrollo de diversas culturas.

No obstante, hace falta mayor investigación que nos permita determinar aspectos más concretos de los pueblos originarios que se asentaron en Los Chillos hasta la llegada de los incas. Los pocos registros apuntan a que la región de Quito y los valles aledaños estuvo poblada entre el 900 a.C. hasta la llegada de los incas, posiblemente por grupos muy dispersos que a la llegada de los invasores peruanos eran conocidos como cacicazgos.

Según el arqueólogo Frank Salomon en 1980, estos cacicazgos llamados en lengua kichwa llajtakuna, eran unidades culturales y probablemente lingüísticas regidas bajo la autoridad de un cacique o curaca y que los más grandes de la región de Chillo eran Urin Chillo, Anan Chillo y Uyumbicho.

Hasta el momento, el más detallado cuerpo de información, sobre los cacicazgos de los valles de Chillo y Tumbaco, lo ofrece la "visita" de 1559, la que abarca un conjunto de comunidades de variados tamaños, desde pequeñas aldeas locales como El Inga, con menos de 200 personas, hasta poblados como Urin Chillo (Sangolquí) con más de 1.100 habitantes, direfenciación que puede ser proyectada a los entonces todavía cercanos tiempos precolombinos. (Moreno, 1994).

Hacia el 1460 d.C., los incas comenzaron su avanzada desde Cusco hacia los Andes septentrionales, conquistando primero los pueblos más australes tales como paltas, y cañaris, continuando por panzaleos y puruhaes hasta llegar alrededor del año 1490 a la región de Quito y sus valles. Luego de aquietar a todos los pueblos de los Chillos, finalmente, los incas consiguieron consolidar su control del territorio a través de alianzas con los señoríos étnicos, siendo Quimbalembo, el Hatun curaca de Puembo, Pingolquí, El Inga, Urinchillo, Ananchillo y Uyumbicho.

Después de la muerte de Atahualpa en 1533, Rumiñahui lideró la resistencia contra la avanzada de los peninsulares contando con el apoyo de importantes líderes tales como Quiz Quiz, Calicuchima, Zopozopanqui y Quimbalembo, que murió en Uyumbicho en 1535. Posteriormente, según las crónicas existentes, el señor principal de estas tierras fue Juan Zangolquí, quien aparece en la "visita" realizada el 22 de enero de 1559. 

De ahí se piensa que se tomó el nombre para denominar al que fue durante los siglos coloniales pueblo de indios.

Hacia 1570, se ejecutó en Urin Chillo la institución de las Reducciones creándose la parroquia eclesiástica de San Juan Bautista del Cacique Juan Zangolqui como lo ordenaba el primer sínodo quítense donde el cura de indios aconsejado de sus feligreses debió escoger un lugar donde poner la iglesia (Cevallos, 2021).

Paralelamente, las autoridades españolas otorgaron varias mercedes de tierras a las órdenes religiosas de los jesuitas, mercedarios y agustinos, quienes contribuyeron a la consolidación del sistema de haciendas, unas dedicadas a la producción agrícola y ganadera y otras a la producción textil. El Valle de los Chillos se convirtió en "el granero de Quito", gracias a su vasta producción, en especial a una variedad de maíz conocida como "Chillo".

En 1767 los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la Real Audiencia de Quito y sus propiedades rematadas por una Junta de Temporalidades, así, el obraje de Chillo pasó a manos del criollo Juan Pío Montúfar y Larrea, II Marqués de Selva Alegre, quien convirtió a esta hacienda en protagonista de la historia al ser el lugar donde se celebró la famosa cena de navidad de 1808 en la que se reunió un grupo de criollos que, descontentos por la crisis del reino y la invasión napoleónica, planificaron la creación de una Junta Soberana de Gobierno, hecho que se consolidó entre el 9 y 10 de agosto de 1809. Éste sería el comienzo del proceso histórico conocido como independencia, que continuó con la masacre de los patriotas el 2 de agosto de 1810 en el cuartel real de Quito, la campaña militar liderada por el coronel Carlos Montúfar entre 1812 a 1816, la creación de la Provincia Libre de Guayaquil en 1820 hasta finalizar con la batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822. Esta hacienda fue alojamiento de las tropas de Sucre y sitio clave para la avanzada de las tropas libertarias.

Posteriormente y tras la creación de la República del Ecuador en 1830, la región de Chillo siguió siendo un importante centro agrícola y ganadero de la capital hasta que en 1861, durante la presidencia de Gabriel García Moreno, mediante la ley de División Territorial del 29 de mayo de ese año, fue elevada a la categoría de parroquia de San Juan Bautista de Sangolquí. El 27 de mayo de 1878 mediante la misma ley se erigió como parroquia rural del cantón Quito. Esto promovió su crecimiento económico y urbanístico. 

Finalmente y luego de la determinación de algunos ciudadanos sangolquileños, el 31 de mayo de 1938, el general Alberto Enríquez Gallo, Jefe Supremo del Ecuador, aprobó la creación del cantón Rumiñahui. 

 

Patrimonio Histórico de Sangolquí bajo amenaza


Parque Juan de Salinas e Iglesia de San Juan Bautista. Foto: archivo propio.

En el año 1930, el prestigioso arquitecto Julio Aulestia Battinoni, fue asesor técnico del municipio de Rumiñahui, realizó el plano que lo denominó "Ciudadela Jardín de Sangolquí", en donde diseña todo el centro de Sangolquí con todos los edificios emblemáticos de Sangolquí, como el parque Juan de Salinas, la plaza César Chiriboga con las casas de estilo republicano que engalanan su entorno, el estadio cantonal, la piscina municipal, la escuela Santa Ana, Juan Montalvo, La escuela La Dolorosa hoy banco Pichincha, las calles y plazoletas, etc. (Díaz, 2022)

Con cerca de 26.8 hectáreas, el centro histórico de Sangolquí fue declarado el 27 de marzo de 1992 como Patrimonio Cultural del Ecuador y en el año 2020 se le dio la categoría de "Pueblo Mágico" por parte del Ministerio de Turismo. 

En el año de su cantonización la población era de aproximadamente 15 mil habitantes y actualmente, en la segunda década del siglo XXI de más de 106.500, lo cual implica que a lo largo de estos 84 años se debió ir planificando urbanísticamente un cantón que se ha convertido en el dormitorio de la ciudad de Quito, tomando en cuenta que gran parte de la población hace su vida laboral y estudiantil en la capital. 
Sin embargo ¿Cómo ha sido la planificación urbana de Sangolquí y del cantón en los últimos años? ¡Ha existido realmente una planificación? Pienso que ha sucedido lo mismo que en el Distrito Metropolitano de Quito, es decir, que no ha existido una adecuada planificación, lo cual ha significado el crecimiento desordenado de la ciudad. En el caso del Valle de los Chillos, la frontera agrícola se ha reducido significativamente dando paso a más y más urbanizaciones, lo cual contribuye al aumento poblacional y a la reducción de las áreas verdes y de bosques. 

Por otro lado, la falta de planificación o peor aún, la falta de cumplimiento de las normativas ha llevado a que se permita la construcción indiscriminada de urbanizaciones e incluso complejos fabriles en las riberas de los ríos, lo cual ha contribuído a los últimos desastres por los que hemos atravesado y que no se deben solamente a las fuertes lluvias, sino a que si cada vez hay menos frontera verde, menos árboles, la tierra sigue cediendo ante el peso de las nuevas construcciones y del tránsito. 

También hay que decir que en las últimas administraciones municipales se ha dado prioridad a los grandes grupos económicos que, con el pretexto de generar fuentes de trabajo, siguen llenando nuestro valle de fábricas, bodegas de las grandes cadenas o centros comerciales, sin que paralelo a ello se haya pensado en mejorar la vialidad y la movilidad que cada vez va de mal en peor. 

No existe una planta de tratamiento de desechos propia, por lo que el Municipio de Rumiñahui debe recurrir al Inga, compartiendo con el ya colapsado sistema de recolección y tratamiento de basura del DMQ. 

¿Y cómo es la situación del patrimonio cultural? 


Casas patrimoniales del lado nororiental del parque Juan de Salinas, las cuales datan en su mayoría de finales del siglo XIX e inicios del XX. Foto: archivo propio. 


La situación es de riesgo. En el caso del centro histórico de Sangolquí, el comercio tanto formal como informal se ha tomado las calles, caotizándolo y llenándolo de basura después de los días de feria. Por otro lado, si lo comparamos con el Centro Histórico de Quito que es, además, Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, ambos enfrentan los mismos problemas como por ejemplo, el paulatino abandono o subutilización de sus inmuebles, inseguridad y falta de políticas públicas que apoyen a los propietarios para que mantengan estos inmuebles. 

En el año de 1988 se planteó la salvaguarda del patrimonio arquitectónico sangolquileño, lo que promovió su declaratoria como Patrimonio Cultural Nacional en 1992, pero desgraciadamente desde el año de 1995 no se ha actualizado el inventario de bienes inmuebles. En el año 2002, la municipalidad, en conjunto con el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) diseñaron un Plan de Conservación para el centro histórico de Sangolquí. 

Dicho plan no ha sido evaluado, fue desarrollado sin un cronograma determinado y con intervenciones dispersas dentro y fuera del centro de la ciudad. Aparentemente se frenó el deterioro urbano del centro de Sangolquí, mas no así el deterioro de los elementos arquitectónicos inventariados, por lo que se hace necesaria una evaluación de los efectos del plan para continuar con acciones acorde a los postulados actuales de la preservación de la identidad, valoración del espacio público y objetivos de desarrollo. (Chicaiza, 2019).

Por su parte, en el año 2017, el INPC trabajó con los distintos municipios del país en un plan para la conservación de los patrimonios arquitectónicos. En ese sentido el Municipio de Rumiñahui contrató una consultoría para la creación de un nuevo Plan para la Conservación del Centro Histórico, que incluía una nueva ordenanza para su gestión, pero con los cambios en la transferencias de competencias, es necesario revisar este plan.

Con la creación de Consejo Nacional de Competencias desde el año 2011, se marcaron las pautas para la transferencia de competencias a los Gobiernos autónomos. En el año 2015 Mediante resolución: 004 CNC-SE-2015 reformada mediante resolución: CNC-006-2017. se transfiere a los municipios la competencia sobre el patrimonio. En diciembre del 2017 se aprueba en la asamblea la nueva La Ley de cultura y su reglamento establece las competencias del estado, del organismo rector del patrimonio: INPC (Instituto Nacional de Patrimonio Cultural), y de los gobiernos autónomos. (Chicaiza, 2019).

En el año 2012, el entonces Ministerio Coordinador de Patrimonio Cultural presentó el plan "Vive el Patrimonio", en el cual se planteaba un modelo de gestión administrativa y de formulación de proyectos y en el que Rumiñahui no participó.

Pero el problema medular radica en que la cultura sigue siendo considerada la última rueda del coche, pues no existe una política pública municipal sostenida en el tiempo que no se cambie con cada nueva administración y, en el caso específico del patrimonio arquitectónico, se ha intervenido en la iglesia Matriz y en las fachadas de las casas alrededor del parque Juan de Salinas, se hizo junto a la capilla de San Francisco un mausoleo para albergar los restos del prócer sangolquileño que le da nombre al núcleo central, pero no hay un seguimiento sobre el mantenimiento y deterioro que los inmuebles sufren en su interior, ni tampoco apoyo a sus propietarios, muchos de los cuales prefieren que sus casas sean retiradas del inventario de patrimonio, debido a lo complicado que se les hace la conservación de las edificaciones.


Casas del lado sur del parque Juan de Salinas que datan de los siglos XIX y XX. Foto: archivo propio. 

En este sentido, varias organizciones ciudadanas tales como el Comité Cívico de Rumiñahui han sido creadas por la sociedad civil con el objetivo de aportar en la salvaguarda de las áreas históricas y la recuperación de la memoria colectiva. 

Así, entre las acciones ciudadanas emprendidas este año, está la recuperación de la Plaza César Chiriboga, antigua plaza cívica de la ciudad y que por muchos años ha sido un mercado popular. Con el apoyo de la actual administración se ha conseguido retirar a los comerciantes de este lugar, dando paso a un espacio destinado al fomento de distintas manifestaciones artísticas. Respecto a este punto no me ha quedado claro el acuerdo logrado con las y los comerciantes. Por ahí es un tema pendiente que debo investigar más a profundidad. 


Publicación tomada de la página del Facebook del Comité Cívico del Cantón Rumiñahui, 13 de octubre de 2021.

Por otra parte, en el año 2019, un grupo de sangolquileños apasionados por la historia de su cantón, conformaron la Sociedad de Estudios Históricos de Rumiñahui (SEHR), una iniciativa ciudadana que es digna de aplaudir en tanto y en cuanto su principal objetivo es la investigación y puesta en valor de la historia local. Una de las principales aspiraciones ha sido la construcción de un museo que recoja la memoria histórica de Sangolquí y de sus habitantes, para lo cual se consiguió que el actual alcalde Wilfrido Carrera entregara la denominada Casa Sosa, ubicada en el corazón de la ciudad y cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, para albergar al Museo de la Ciudad.

Espero que este esfuerzo realizado por la SEHR no quede únicamente en la restauración del inmueble más antiguo que se conserva en la ciudad, para servir de sitio de reuniones o fiestas de las administraciones de turno, sino que realmente se convierta en un museo. Al respecto le planteé hace ya un año a dicha organización que se trabajara en la creación de una ordenanza que le dé un asidero legal al museo y que garantice los fondos necesarios para su funcionamiento, evitando así que pase por los avatares que atraviesa el actual Museo Nacional del Ecuador. Por ahora se usa este espacio para exposiciones temporales y algunos eventos culturales, pero aún no contiene nada por lo que pueda llamársele museo. 


Presentación de la obra teatral "Rosas de Libertad" por el Colectivo Mediarte en agosto del 2021 en el patio central del Museo de la Ciudad. Foto: Archivo Mediarte.

Ojalá no termine siendo un elefante blanco que quede en el olvido, de la misma forma que ha caído en el abandono y la desidia la Posada de la Soledad, la hermosa casa donde viviera el afamado artista plástico Eduardo Kingman, ubicada en San Rafael y que desde que los herederos entregaran al Municipio de Rumiñahui para su restauración y conservación no se ha hecho nada para su intervención. A pesar de ser usada como centro cultural, la casa está al borde del colapso y hasta el momento únicamente han existido promesas de restaurarla, pero nada concreto aún.


"Posada de la Soledad", casa del artista Eduardo Kingman, en un estado crítico. 2021. Foto: Archivo Mediarte.



Fotografías de inmuebles patrimoniales en estado de riesgo, ubicados en el Centro Histórico de Sangolquí. Fotos tomadas del Comité Cívico de Rumiñahui. 19 de marzo de 2021.

Otra estructura de importancia histórica recientemente recuperada ha sido la Hacienda San Isidro, ubicada en el sector de San Pedro de Taboada, construida hace más de trescientos años y uno de los lugares que fueron escenarios del proceso independentista. A pesar de haber recuperado cerca de 4 hectáreas de sus hermosos jardines para convertirlos en un parque público al que se dan cita los ciudadanos los fines de semana, la casa no ha sido intervenida, lo cual me genera preocupación. 

Nueva ordenanza, nuevos desafíos

Como parte de las acciones por precautelar el poco patrimonio arquitectónico que le va quedando a Sangolquí, el Municipio de Rumiñahui aprobó la Ordenanza 012 2021, la cual contempla la recuperación de los inmuebles que se encuentren en proceso de deterioro o en estado crítico y la exoneración del 50 por ciento del impuesto predial a los propietarios, así como también considerar dentro del presupuesto anual municipal, el financiamiento para recuperar fachadas y cubiertas. Su aplicación dependerá de la veeduría ciudadana, pero para que exista, es necesario además fortalecer la educación patrimonial en todos los niveles desde las escuelas y colegios, hasta en las universidades y juntas parroquiales. 

La actual situación de los bienes culturales inmuebles del cantón se debate entre luces y sombras. Por un lado tenemos los esfuerzos por recuperar espacios públicos como la Plaza César Chiriboga, o la apertura de la hacienda San Isidro como parque recreativo, pero por otro nos enfrentamos al desorden y al caos de otros sectores alejados del Centro Histórico pero que, mantienen un importante patrimonio cultural tangible e intangible como es el caso de la casa de Kingman en San Rafael o el barrio Selva Alegre, declarado patrimonio gastronómico, pero donde impera el desorden y la nula planificación. 

Otra amenaza al patrimonio está en la creciente construcción de urbanizaciones, restando áreas verdes y en algunos casos, amenazando inmuebles históricos, ya que gran parte de estos proyectos urbanísticos se construyen en los terrenos de antiguas haciendas. También otro factor a considerar es el hecho de que se ha dado paso a la construcción de más industrias, provocando contaminación, incremento del tráfico pesado y con vías que no están siendo ampliadas ni reforzadas para soportar la nueva carga. 

En el Reporte Global sobre Cultura para el Desarrollo Urbano Sostenible, publicado por la UNESCO en el 2016 con motivo de Habitat III, realizado en Quito, Minja Yang, Presidenta del Centro Internacional para la Conservación de la Universidad de Lovaina (Bélgica), señala que las ciudades deben ser más "humanas" a través de la cultura y al respecto manifiesta que:

  • La gente y su bienestar  debe estar en el centro de iniciativas de desarrollo local para conseguir ciudades sostenibles y cumplir las aspiraciones humanas.
  • Mejorar la habitabilidad de las ciudades depende de unir la cultura con las transformaciones de la infraestructura social y física. 
  • El incremento de la conciencia del lugar, identidad y sentido de pertenencia puede ser apoyado a través del patrimonio cultural y actividades que promuevan la diversidad cultural de los habitantes de la ciudad. 
  • La planificación territorial deberá ser un proceso integrado que promueva la conectividad entre los pueblos rurales y pequeñas, medianas y grandes ciudades por medio de la cultura. 
En este sentido y analizando estos parámetros, me parece que en Rumiñahui hace falta generar conciencia de la importancia del trabajo en colectivo y de que no importa cuantas ordenanzas municipales existan mientras no haya una adecuada articulación entre los actores culturales, sociales y empresariales con los distintos organismos de gobierno seccional y nacional. 

Por otro lado, además de la citada ordenanza, también es necesario que como política pública se plantee un plan actualizado de recuperación del patrimonio cultural con objetivos a mediano y largo plazo, para lo cual pienso que debería existir un departamento especializado dentro del GADMUR que se dedique exclusivamente al estudio, conservación, gestión y puesta en valor de los inmuebles. 

La idea no debe ser únicamente recuperar fachadas antiguas, pintarlas y tener un centro histórico muerto, lleno de casas restauradas, pero vacías. La idea debe ser promover la habitabilidad, brindar seguridad a sus habitantes, descontaminar el centro, reorganizar el tránsito y la movilidad, fomentar los emprendimientos culturales y turísticos, pero principalmente motivar a la ciudadanía a reapropiarse de los espacios públicos, a dotar de vida real al centro y a dinamizar la economía. 

Bibliografía



 







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