Sor Juana Inés de la Cruz, más allá de la vida monacal

 Contexto Histórico

El siglo XVII es una época de crisis para Europa debido a los cambios políticos, la recesión de la economía y las tensiones sociales (Santillana Educación, 2006). Mientras la España de los dos siglos anteriores, a partir del reinado de los Reyes Católicos (1474-1504) se mostró como uno de los territorios europeos más fuertes luego de la reconquista de Granada y la expulsión de los árabes de la Península Ibérica y la subsecuente conquista de tierras americanas, el siglo XVII se conoce en su historia como de decadencia.

Vista de la Plaza Mayor de la ciudad de México (hacia 1695) por Cristóbal de Villalpando.

Fuente: Wikimedia Commons.

Este siglo fue el escenario del surgimiento de un período de la historia occidental conocido como “barroco” y que duró alrededor de ciento cincuenta años (1600-1750). Esta etapa coincidió con el advenimiento de la Contrarreforma Católica, la cual buscaba consolidar el poder de Roma por sobre la Europa que se encontraba dividida por la reforma de un sector del cristianismo denominado protestante.

En ese sentido, la conquista de América significó el mayor momento de expansión del catolicismo en nuevas tierras a través de la evangelización, para lo cual el arte y la cultura barroca fueron sus principales armas. Algo interesante de tomar en cuenta es que, pese a la crisis económica y política, el arte y las letras vivieron su época de oro, con la mejor y mayor reunión de creadores que nunca ha habido en España (Ordaz & García Gómez, 2005). El horror vacui o miedo al vacío hizo que se levantaran iglesias y monasterios con interiores o fachadas ricamente decoradas, todas con símbolos que apoyaran la ardua empresa expansiva. De igual modo encontramos una literatura que se va alejando de los modelos clásicos del Renacimiento y va buscando nuevas formas de expresión. Destacan los españoles Lope de Vega, Luis de Góngora y Francisco de Quevedo, cuyas obras cruzaron el atlántico y llegaron a América.

Su vida entre luces y sombras

Criticada por unos, honrada por otros, lo cierto es que Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, es una de las máximas representantes de la literatura barroca hispanoamericana y universal.

Se afirma que sor Juana Inés de la Cruz nació el 12 de noviembre de (1648 o 1651) en la hacienda de San Miguel Nepantla (actual estado de México), de padre vascongado y madre criolla: el capitán Manuel de Asbaje y Vargas Machuca y doña Isabel Ramírez de Santillana. (Hernández, 1997).  

Su infancia transcurrió al lado de su abuelo materno, don Pedro Ramírez en una hacienda llamada Panoayán (estado de México). Fue allí donde -según sus biógrafos- se habría iniciado en la lectura a la edad de cuatro años en lengua castellana, pero además aprendió el náhuatl de la boca de los indígenas que trabajaban en la hacienda. Entre 1664 y 1665, ingresó a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, cuya esposa, Leonor de Carreto, se convirtió en una de sus más importantes mecenas. Este ambiente de protección de los virreyes será fundamental para la producción literaria de Juana Inés, además de ser el escenario que le permitió nutrirse de todo el conocimiento que le ofreció uno de los lugares más cultos del virreinato de Nueva España. Las constantes y fastuosas tertulias a las que acudían teólogos, filósofos, matemáticos, historiadores y humanistas, en su mayoría miembros de la Real y Pontificia Universidad de México, también alimentaron a la novel escritora. Tras su breve paso por los claustros de las Carmelitas descalzas, en 1669 ingresó al convento de San Jerónimo en la ciudad de México, lugar donde vivió hasta el final de sus días.

Sor Juana, retrato de Miguel Cabrera (1750). Museo Nacional de Historia. CDMX.

 Fuente: wikimedia commons.

México vivía el apogeo del barroquismo que se expresaba en imponentes catedrales, templos y palacios donde el estilo vigoroso de Churriguera parecía prolongarse a todas las artes. Además del virrey y su esposa, otros mecenas que le apoyaron a publicar sus obras fueron el arzobispo virrey Payo Enríquez de Rivera y los marqueses de la Laguna de Camero Viejo, virreyes también de la Nueva España, quienes publicaron los dos primeros tomos de sus obras en la España peninsular. Murió a causa de una epidemia el 17 de abril de 1695.

La trascendencia de su obra

A lo largo de toda su vida, Sor Juana no tuvo otro proyecto que la conquista del saber: sacrificó su juventud y hasta su libertad por alcanzar esa imposible meta (Buxó, 2006)

La obra de sor Juana, tanto en prosa como en verso es muy variada, ya que contiene romances, redondillas, sonetos, villancicos, cartas y ensayos, en los cuales aborda temáticas tan diversas como las religiosas, filosóficas e incluso amorosas, lo cual de seguro no fue del agrado de algunos religiosos de su tiempo.

Su variadísima producción en todos los géneros literarios ha dado lugar a una infinidad de estudios sobre su obra y también sobre su deslumbrante personalidad (Santillana Educación, 2006).

La fama de Sor Juana Inés de la Cruz fue inmensa mientras vivió y la impresión de sus obras en España, tres tomos varias veces reeditados -2 ediciones-, de 1689 a 1725, y numerosas polémicas libradas en las dos Españas, es decir, la Nueva y la Vieja España, son prueba irrefutable de su celebridad (Glantz, 2014)

Sin embargo, su nombre fue decayendo en el siglo XIX, lo que incluso motivó el surgimiento de muchos detractores de su obra y estilo, como el historiador mexicano García Icazbalceta que hablaba de sus escritos como una absoluta depravación del lenguaje (Glantz, 2014) o el filólogo español Menéndez Pelayo que criticaba duramente al barroco.

Sin embargo, lejos de adentrarnos en sus textos religiosos o en el uso del lenguaje, la figura de Juana Inés es fundamental para la historia literaria universal, ya que significó una ruptura en la estructura en extremo patriarcal de su época en la que la mujer era prácticamente invisibilizada y sometida a la sombra del hombre. Más que una monja, fue una mujer que le escribió al amor de una forma que nunca antes se había escrito, lo cual incluso ha llevado a numerosos estudiosos y estudiosas de su vida a pensar en una posible homosexualidad, quizás por textos como su poema Endechas, escrito para la Virreina Marquesa de la Laguna:

Así cuando yo mía

te llamo, no pretendo

que juzguen que eres mía,

sino solo que yo ser tuya quiero.

Pero más allá de encontrarnos con textos de una monja mexicana en los que únicamente se exaltara la figura de Dios, en tres de sus obras más conocidas se observa carácter de una mujer aguerrida y firme que no dudó en criticar el tiempo que le tocó vivir. En la Carta athenagórica (1690) se observa un escrito teológico en el que la autora plasmó una dura crítica al sermón del jesuita Antonio de Vieyra. El obispo de Puebla de los Ángeles, Manuel Fernández de Santa Cruz publicó este ensayo, pero al final agregó una carta recriminatoria usando el pseudónimo de sor Filotea de la Cruz. Ante ello, el genio de la escritora en cuestión, hizo que le respondiera a través del texto Respuesta a sor Filotea de la Cruz (1691), en la cual se observa no únicamente la defensa de su profunda vocación religiosa, sino de los derechos intelectuales de la mujer:

“Entréme religiosa, porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía al matrimonio, era lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación; a cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros” (Mogrovejo, 2016)

Otra de sus obras magistrales es el poema Primer sueño, publicado en 1692 y que se compone de 975 versos, considerado uno de los más complejos poemas escritos en lengua castellana. Esto denota que fue una profunda conocedora del lenguaje y con una vasta cultura general, ya que el texto está lleno de reminiscencias cartesianas acerca del saber, y además introdujo elementos reflexivos de carácter filosófico.

En conclusión, podría decirse que sor Juana Inés de la Cruz es una de las pioneras del feminismo latinoamericano, ya que militancia plasmada en sus obras abrió el largo camino de luchas por las que las mujeres han debido transitar hasta llegar al siglo XXI con mayor participación en la vida pública de los países, aunque aún con trabas por superar. Es además, a mi modo de ver, un modelo a seguir para muchas jóvenes que piensan en el rol de la mujer únicamente desde la esfera familiar o de obtener acceso a un puesto de trabajo, ya que Juana Inés entendió que la única forma de saltar las barreras impuestas por la sociedad de su tiempo era a través de su preparación intelectual. 

Trabajos citados:

  •  Buxó, J. P. (2006). Sor Juana Inés de la Cruz: lectura barroca de la poesía. Barcelona: Editorial Renacimiento.
  •  Glantz, M. (2014). La autora: Apunte biobibliográfico. Recuperado de Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/portales/sor_juana_ines_de_la_cruz/autora_apunte/
  •  Hernández, C. N. (1997). Sor Juana Inés de la Cruz: selección de obras. Bogotá: Editorial Panamericana.
  •  Mogrovejo, N. (2016). ¿Cómo pensar la genealogía lésbica? Recuperado de Estudios de Historia Cultural: http://www.historiacultural.net/hist_rev_mogrovejo.html
  • Santillana Educación. (2006). Sor Juana Inés de la Cruz. In Literatura Española e Hispanomaericana (p. 190). Buenos Aires: Editorial Santillana.


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